UGC España Manual de oficio para quien graba
Edición 2026-08-01Publica Northbank Media
Tarifas

Tu base de coste: el suelo por debajo del cual trabajar te empobrece

Cómo calcular lo que necesitas ingresar por jornada trabajada para cubrir cuota, impuestos, equipo, días no facturables y descanso. El cálculo que va antes de cualquier tarifa.


Respuesta directa

Tu base de coste por jornada es el resultado de dividir todo lo que tienes que pagar en un año, más lo que quieres ganar, entre las jornadas que realmente puedes facturar en ese año. La trampa está en el denominador: casi nadie factura más de la mitad de los días laborables, porque la captación de clientes, la administración, la formación, las vacaciones y las bajas no se facturan a nadie. Un creador que divide entre 220 días en lugar de entre 110 se fija un suelo que es la mitad del real, y trabaja todo el año creyendo que gana dinero.

Trípode y cabezal en luz lateral. Aluminio marcado por el uso.
Trípode y cabezal en luz lateral. Aluminio marcado por el uso.

El error de partida

La forma más común de fijar precio es mirar lo que cobra alguien parecido y quedarse un poco por debajo para que no te digan que no. Es comprensible y es un desastre, porque hereda un número del que no sabes nada: ni qué costes cubre, ni qué volumen de encargos supone, ni si esa persona está ganando dinero.

El punto de partida correcto no mira fuera. Mira tus gastos, tus días disponibles y lo que necesitas ingresar. Ese número es tu suelo. No es tu precio, es el punto por debajo del cual cada encargo te deja peor que antes de aceptarlo.

Qué entra en el coste anual

La lista es más larga de lo que parece y la mayoría de los cálculos caseros se dejan la mitad fuera. Conviene escribirla entera aunque algunas líneas salgan a cero.

Costes que se pagan tengas trabajo o no

  • Cotización a la Seguridad Social en el régimen de trabajadores por cuenta propia, que desde el sistema introducido por el Real Decreto-ley 13/2022 se calcula por tramos de rendimientos netos y se regulariza después.
  • Gestoría, si la tienes, o el tiempo que dedicas a hacerlo tú, que también es un coste.
  • Seguro de responsabilidad civil, si tu actividad lo aconseja.
  • Conexión, telefonía, alojamiento de la web y almacenamiento en la nube del material.
  • Suscripciones de software de edición, sonido, gestión de proyectos y facturación.
  • Parte proporcional del alquiler o de los suministros si trabajas desde casa, en la medida en que sea deducible.

Costes que dependen del volumen

  • Amortización del equipo. Una cámara, un par de ópticas, luces, trípode, micrófonos y tarjetas tienen una vida útil finita y hay que reponerlos.
  • Consumibles: baterías, tarjetas, fondos, cinta, difusión, adhesivos.
  • Desplazamientos, dietas y aparcamiento.
  • Compra de producto cuando el encargo lo exige y no lo envía la marca.
  • Subcontratación puntual de montaje, sonido o corrección de color.

Lo que casi nunca se cuenta

  • Formación, que en este oficio no es opcional.
  • El impuesto sobre la renta, que no es un coste de la actividad pero sí sale del mismo bolsillo.
  • El colchón para meses malos. Sin él, un trimestre flojo se convierte en una decisión de precio tomada con miedo.
  • Las vacaciones. Nadie te las paga. Si no están en el cálculo, no existen.

El denominador, que es donde está el problema

Aquí se rompe la mayoría de los cálculos. El año tiene alrededor de doscientos veinte días laborables en España descontando fines de semana y festivos. La tentación es dividir el coste anual entre esa cifra.

No es esa la cifra. Los días que puedes facturar son los que dedicas a trabajo de cliente, y de ellos hay que restar:

  • Vacaciones y festivos propios.
  • Captación: propuestas, presupuestos, llamadas, reuniones que no acaban en encargo.
  • Administración: facturación, reclamaciones de cobro, trimestres, contabilidad.
  • Contenido propio y cartera, que es marketing y no lo paga nadie.
  • Formación y pruebas técnicas.
  • Días de baja o de imprevisto personal.

Cuando se suman esas partidas con sinceridad, la proporción de días facturables que sale suele estar entre el cuarenta y el sesenta por ciento del calendario laboral. Esa proporción es tuya y solo la puedes medir tú, pero medirla cambia el resultado por completo.

Dividir entre los días del calendario en lugar de entre los días facturables parte tu tarifa por la mitad.

La ficha de cálculo

Ficha de tarifa 01Cálculo de la base de coste por jornada
Rellena las tres primeras casillas con tus cifras anuales, la cuarta con tus días reales y haz la división. El resultado es tu suelo. No lo compartas con clientes: es un documento interno.
01Costes fijos anualesCotización, gestoría, seguros, conexión, suscripciones, alojamiento, parte proporcional del espacio de trabajo.
02Costes variables anuales previstosAmortización de equipo, consumibles, desplazamientos, subcontratación, compra de producto.
03Retribución objetivo antes de impuestosLo que quieres que te quede a ti, antes del impuesto sobre la renta. Piénsalo en términos mensuales y multiplícalo por doce.
04Provisión para impuestos y colchónEstimación de impuesto sobre la renta más un fondo para meses sin encargos. Si no lo separas ahora, lo gastarás.
05Días laborables del añoDescontando fines de semana y festivos de tu comunidad autónoma.
06Días no facturablesVacaciones, captación, administración, cartera propia, formación, imprevistos. Sé generoso: si dudas, sube la cifra.
07Jornadas facturables realesLínea 05 menos línea 06. Este es el denominador correcto.
=Base de coste por jornadaTu suelo. Por debajo de aquí, un encargo te cuesta dinero.

La división: suma las líneas 01 a 04 y divide entre la línea 07. Ese es tu coste por jornada facturable.

Prueba de realidad: si la línea 07 supera el sesenta por ciento de la línea 05, vuelve a revisar la 06. Es casi seguro que te has quedado corto.

Qué hacer con el número que sale

Lo primero, no asustarse. Es habitual que el resultado sea bastante más alto de lo que estabas cobrando, y la reacción instintiva es pensar que nadie lo pagará. Antes de concluir eso conviene separar dos preguntas.

La primera es aritmética: ¿cuánto necesito por jornada? La segunda es comercial: ¿a quién le vendo a ese precio? La segunda no invalida la primera. Si el número parece imposible con tus clientes actuales, el problema no es el número, es la cartera de clientes, y eso se aborda en posicionamiento.

Lo segundo, entender que el suelo es un suelo. Trabajar puntualmente por debajo por una razón estratégica concreta es una decisión legítima siempre que sepas que estás por debajo y por cuánto. Trabajar por debajo sin saberlo es otra cosa.

Cada cuánto se revisa

Una vez al año como mínimo, y siempre que cambie algo estructural: un cambio de tramo de cotización, la compra de equipo importante, un traslado, la contratación de una gestoría, la entrada o salida de un cliente que representaba una parte grande de tus ingresos.

La revisión anual es además el momento natural para subir tarifas a los clientes existentes, con aviso previo y por escrito. Un aumento anunciado con dos meses de antelación se acepta muchísimo mejor que uno improvisado en medio de un encargo.

El margen no es beneficio

Una confusión frecuente: pensar que todo lo que supere la base de coste es beneficio limpio. No lo es, por dos motivos.

El primero es que la base de coste que has calculado es una previsión, y las previsiones fallan. Si el año trae menos encargos de los previstos, los costes fijos se reparten entre menos jornadas y el coste real por jornada sube.

El segundo es que el trabajo por cuenta propia tiene un componente de riesgo que un salario no tiene: no hay indemnización, no hay preaviso, no hay paga extra. Ese riesgo se retribuye, y se retribuye en el precio. Un margen que solo cubre la previsión no está retribuyendo nada.

Una nota sobre gastos deducibles

Qué gastos son deducibles en el impuesto sobre la renta y qué cuotas de IVA son compensables no es una cuestión de criterio propio: lo determinan la Ley 35/2006 del IRPF y la Ley 37/1992 del IVA, con su desarrollo reglamentario y los criterios administrativos publicados por la Agencia Tributaria.

Para el cálculo de tu base de coste esto importa menos de lo que parece: lo que quieres saber es cuánto dinero sale de tu cuenta al año, sea o no deducible. La deducibilidad afecta a tu declaración, no a tu suelo de precio. Pero conviene tener la conversación con un gestor antes de dar por hecho que algo es deducible, porque el criterio en gastos parcialmente afectos, vehículo y vivienda es restrictivo.

Esto no es asesoramiento fiscal. Es un manual de oficio. Las obligaciones concretas de alta, cotización, facturación y declaración dependen de tu situación y las tiene que revisar un gestor o un asesor fiscal con tus datos delante.

Lo que conviene llevarse

Tu suelo no es una opinión, es una división. Coste anual más lo que necesitas ganar, dividido entre las jornadas que de verdad puedes facturar. El error casi siempre está en el denominador.

Con ese número en la mano, la siguiente decisión es la unidad de venta: si cobras por vídeo o por jornada. Y después, cómo cobras aparte lo que la marca hace con el material, que es el asunto de los derechos de uso.

Preguntas frecuentes

¿Cuántos días facturables son realistas?

Depende de tu mezcla de clientes y de cuánto tiempo dedicas a captación, pero conviene medirlo en lugar de estimarlo. Anota durante tres meses qué días fueron de trabajo de cliente y qué días no, y extrapola. Casi siempre la proporción real es peor que la estimada.

¿La cuota de autónomos entra en el cálculo?

Sí, entera. Es un coste que se paga con encargos o sin ellos. Desde el sistema de cotización por rendimientos netos introducido por el Real Decreto-ley 13/2022, la cuota depende de tus rendimientos previstos y se regulariza después, así que conviene revisar la previsión cuando cambie tu volumen.

¿Debo enseñar esta ficha a un cliente?

No. Es un documento interno. Lo que se presenta al cliente es un presupuesto con conceptos, no tu estructura de costes. Enseñar tus costes invita a que te discutan el margen en lugar del valor del trabajo.

¿Y si mi coste por jornada sale más alto que lo que paga el mercado que conozco?

Entonces tienes tres opciones reales: reducir costes, aumentar la proporción de días facturables, o cambiar de segmento de cliente. Bajar el precio por debajo del coste no es una cuarta opción, es aplazar el problema.

¿Cómo trato el equipo que ya tengo comprado?

Como amortización: reparte su coste entre los años de vida útil que le quedan y mete la parte anual en costes variables. Si no lo haces, cuando toque reponerlo no habrá dinero para hacerlo y ese año tu tarifa tendrá que subir de golpe.

Transparencia editorial. Este artículo no contiene ningún enlace comercial. Ninguna empresa con acuerdo con esta publicación aparece en él. Editada por Northbank Media.

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